Diseñar la propia estrategia profesional

La necesidad de redirigir nuestra actuación en el mundo laboral en entornos turbulentos, nos recuerda lo imperioso que es volver a lo básico: el diseño de la propia estrategia profesional por uno mismo. ¿Cuáles son los puntos clave? 

¿Porqué diseñar la propia estrategia profesional? Hace años, esta era una idea casi impensable. Para la mayoría de las personas no era necesario hacer esto. El objeto era “empezar a trabajar” donde se pudiera muy temprano en la vida o recién terminados unos estudios, en algún tipo de actividad que probablemente se ejercería durante el resto de la vida laboral. Pero hoy, las cosas son completamente distintas.

El carácter distintivo fundamental del mundo laboral moderno es que ya ninguna actividad o empleo es, ni nunca más será, estable. Incluso los grandes reductos del empleo vitalicio como han sido la banca, las compañías aseguradoras, los hospitales, y las grandes empresas públicas o privadas o el mismísimo funcionariado, viven momentos de transición que impiden ofrecer garantías de empleo a futuro, hasta a los empleados más fieles y antiguos. Y esta situación no va a remitir; el nuevo capitalismo aunado a las modernas democracias crea un caldo de cultivo en que el aumento de la competitividad y los imparables avances tecnológicos que conlleva son, quizás, las dos únicas tendencias de las que casi puede asegurarse que se mantendrán. Y de su mano, nos llegará un gran dinamismo -léase muchos cuestionamientos- en el mundo del empleo.

Es por ello que hoy diseñar la propia estrategia profesional ya no es únicamente una medida para conseguir un razonable éxito profesional. Es además una necesidad para todo aquel que quiera sobrevivir en el mundo del trabajo. El diseño de la propia estrategia profesional se erige así como en una especie de salvavidas, que cualquier empleado de cualquier nivel, deberá tener en reserva para superar las tormentas que más tarde o más temprano -pero con certeza- invadirán sus predios. Si los Estados Unidos pueden ser una referencia para otros países, anótese el hecho de que los ciudadanos norteamericanos cambian una media de tres veces de profesión a lo largo de sus vidas.

Es pues imprescindible que nos sensibilicemos por el tema de la gestión de nuestra carrera. Hay dos alternativas opuestas: ejercer el gobierno sobre la propia trayectoria profesional, o dejarse llevar por las circunstancias y los deseos de los demás. Nos toca a nosotros escoger donde queremos situarnos entre estas dos opciones.

¿Por dónde empezar? Muchas personas han llegado ya a la convicción de que necesitan hacer algo con respecto a su vida profesional, sin necesidad de leer el apartado anterior. Los síntomas de los acelerados cambios que se producen a nuestro alrededor son perfectamente visibles. Pero la mayoría de nosotros nos hallamos perplejos. Profesionales muy bien situados y con puestos de mucha responsabilidad, observan paralizados que sus carreras están en entredicho, pero no ven qué hacer para cuando llegue la hora de la verdad. Algunos piensan: “Cuando llegue el momento ya veré qué hago”. Pero otros -los más- se debaten temerosos entre la angustia y la incertidumbre, a la espera de las tres palabras más fatídicas de nuestro tiempo: “Está usted despedido”.

Y en realidad la cosa no es tan complicada. El antídoto consiste en decidirse en serio (antes de que llegue el problema), a desarrollar un plan de emergencia: un plan “B”. No es fácil. Hacer esto no es algo que esté incardinado en nuestra cultura. En el pasado, lo natural era prestar todas nuestras energías a nuestro trabajo con gran lealtad a nuestro empleador. A cambio, este nos garantizaba el empleo para toda la vida. Ahora no hay que dejar de ser leal; pero hay que pensar mucho más en el propio destino. Nuestro empleador ya no está en condiciones de hacerlo por nosotros.

Tener un plan “B” es tener una contestación lo bastante clara y concisa a la pregunta: ¿Qué haré cuando por las razones que sea, ya no tenga el empleo que tengo hoy? ¿Cómo me ganaré la vida? ¿Dónde y cómo ejerceré mi profesión -actual o una diferente-? De algún modo, hay que anticiparse a los acontecimientos. Hay que prepararse. Pues como dice Sun Tzu en sus famosos escritos sobre El Arte de la Guerra, “es mejor ganar sin luchar”.

En el terreno del empleo, “ganar sin luchar” cuando las cosas se pongan difíciles, implica haber trabajado previamente en tres frentes o factores de éxito profesional:

1. El de los propios objetivos profesionales, a corto, medio y largo plazo.

2. El del estudio e investigación del terreno, para tener claro el mapa que nos permitirá movernos desde nuestra posición actual, a la que se corresponde con nuestro siguiente objetivo.

3. El de la gestión de nuestra red personal de contactos.

Trabajar los propios objetivos es clave, pues como dijo alguien, “quien no sabe dónde va, llegará a medio camino de ninguna parte”…. Pero también es esencial trabajar con efectividad los factores clave dos y tres, para llevar una vida profesional satisfactoria y gratificante. Para disponer siempre de un plan “B”.

Autor: Antonio Valls Roig
Colaborador ORLA

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